Bolivia ya comenzó a sentir los efectos del fenómeno de El Niño en un contexto marcado por incendios forestales en Santa Cruz, Cochabamba y Tarija, además de alertas por fuertes vientos en el oriente del país que favorecen la propagación del fuego. En ese escenario, especialistas advierten que existe entre un 80% y un 90% de probabilidad de que el fenómeno evolucione hacia un “Súper Niño” durante los próximos meses, con impactos climáticos de mayor intensidad.

David Torres, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, explicó que un Súper Niño corresponde a un calentamiento excepcional de las aguas superficiales del océano Pacífico tropical, capaz de alterar los patrones de lluvia, temperatura y circulación de vientos a escala global.

Los antecedentes de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 muestran que estos eventos estuvieron asociados a sequías prolongadas, inundaciones, incendios forestales y pérdidas agrícolas en distintos continentes. En esos episodios, las temperaturas del Pacífico llegaron a superar entre cuatro y cinco grados centígrados los valores normales.

La Organización Meteorológica Mundial señala que estos fenómenos modifican el comportamiento de la atmósfera y aumentan la frecuencia de eventos extremos, mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advierte que representan una de las principales amenazas para la seguridad alimentaria por sus efectos sobre la producción agrícola y pecuaria.

En Bolivia, los impactos no serán uniformes. En el occidente, principalmente La Paz, Oruro y Potosí, se prevé una reducción e irregularidad de las lluvias, temperaturas superiores a lo habitual y menor recarga de represas, acuíferos y fuentes de agua. También aumenta el riesgo de incendios de pastizales y procesos de desertificación.

Para los valles de Cochabamba, Chuquisaca y Tarija, la principal preocupación es la distribución irregular de las precipitaciones. Los especialistas prevén lluvias tardías o concentradas en cortos periodos, lo que podría retrasar las siembras, reducir la producción de maíz, trigo, papa, hortalizas y frutales, además de afectar las reservas de agua para consumo y riego.

En el oriente y la Amazonía, Santa Cruz, Beni y Pando podrían enfrentar escenarios distintos. Históricamente, un Súper Niño ha provocado lluvias por encima de lo normal, inundaciones y desbordes de ríos; sin embargo, en la actual transición hacia el fenómeno persisten condiciones secas, altas temperaturas y fuertes vientos que favorecen la ocurrencia y expansión de incendios forestales, especialmente en Santa Cruz, Cochabamba y Tarija.

Torres estimó que un evento de gran intensidad podría reducir entre un 13% y un 14% el Producto Interno Bruto agropecuario, con pérdidas cercanas a los 1.000 millones de dólares en agricultura y ganadería, además de afectar el abastecimiento de alimentos y los ingresos de miles de productores.

Ante este panorama, el especialista planteó que municipios, gobernaciones y el Gobierno nacional aceleren medidas preventivas para fortalecer el almacenamiento de agua, limpiar canales y drenajes, monitorear cuencas, mejorar los sistemas de alerta temprana y disponer de recursos para responder a emergencias.

La experiencia del fenómeno de 2015-2016 mostró que sus efectos pueden extenderse durante varios años, con impactos sobre la disponibilidad de agua, la producción de alimentos, los incendios forestales, las inundaciones y la economía nacional.

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